martes, 4 de marzo de 2014

SE NOS FUE EL GENIO. EL GRANDE ENTRE LOS GRANDES



Lamentábamos aún no hace un mes la muerte de uno de los más grandes renovadores de la poesía española de los años sesenta. Félix Grande, poeta y escritor vinculado al mundo del flamenco, fue Grande como su apellido y nos dejó cuando enero eclipsaba sus días. Un mes antes el año acababa con la muerte de un gran artista jerezano, el cantaor, Juan El Torta, auténtico bastión del cante jerezano, y a finales de noviembre también nos dejaba Mariana Cornejo, arquetipo de mujer flamenca que por su condición de artista gaditana estaba ‘pasaíta’ de sones festeros.

¡Qué racha! En todos estos sucesos precisamos un elemento común: todas las muertes se dan a finales de mes, y todas en meses correlativos (noviembre, diciembre, enero y febrero).

Ahora, cuando todavía aguantábamos la respiración por la pérdida del amigo, del maestro, de ese ingeniero del verso que fue Félix; cuando no nos habíamos recuperado de tan doloroso acontecer, sentimos que el techo se nos hunde y el corazón se nos pone en un puño. ¡Ha muerto Paco! Todo transcurrió tan rápido que ni la misma muerte se dio cuenta de que se lo llevaba. ¡Ha muerto Paco!

Cómo siempre ante un suceso de tal naturaleza no nos lo podíamos creer, o mejor dicho, no nos lo queríamos creer. Ayer mismo o sea, el martes, ya avanzada la tarde, su hermano Pepe me llamaba a casa donde me encontraba con Rafael Ruiz García, aficionado que es de la Peña Juan Breva. Efectivamente, ese tan triste y doloroso percance aún no era noticia. Es más, la conversación que ambos mantuvimos giró sobre el mundo del cante y, especialmente, escuchando a Caracol.

Al margen de esto, Pepe me dijo también que no se encontraba bien, que había ido al médico donde le hicieron unas pruebas estomacales, pero de Paco, hablamos como siempre, y es que hablar con Pepe de Lucía de él o de su hermano Paco, es un gustazo, de ahí que estas comunicaciones duren más de un hora, pese a que nos llamemos con cierta frecuencia.

Y, ahora, de pronto, cuando nos disponíamos Isabeli (mi mujer) y yo a desayunar ambos recibimos otron mazazo: ¡Ha muerto Paco! ¿Qué dices? Están dando noticias en la radio me insiste Isabeli. ¿Pero qué pasa, qué está pasando? Joder no puede ser. ¿No se habrán equivocado? ¿Qué pasa?

Desgraciadamente era cierto, Paco ha muerto, y sin él se nos hace imposible escribir un sólo renglón.

Paco es una enorme pérdida para el mundo de la música y especialmente para el flamenco. Lo es también para la humanidad dada además su humildad y grandeza, vivo ejemplo de persona de gran valía. Ha muerto un hombre bueno y noble con unos meritos acumulados a lo largo de su historia que provocará un huracán de noticias en el mundo. Mañana todas las editoriales recogerán su muerte, su biografía, y con ello, aportarán miles de perfiles que sobre su impresionante figura irán surgiendo desde el último rincón del mundo hasta la ciudad que le vio nacer y crecer: Algeciras.

Hoy, esta ciudad, más que ninguna otra del hemisferio flamenco, se viste de negro luto, y con ella posiblemente millones de personas que sabían de las excelsas cualidades del maestro. Del más grande guitarrista del mundo como así certificara Antonio Mairena en la Unión en 1974, cuando Paco contaba sólo con veintiséis años.   
Y es que Paco ha sido el más grande entre los más grandes, quizás el primer genio que nos depara el presente siglo. Paco es el músico flamenco que ha revolucionado y modificado una parte muy importante de la música en el mundo, que ha sugerido y logrado los más firmes encuentros entre la música clásica y el flamenco, abanderando y consolidando un proceso de renovación casi imposible de culminar. Y lo ha hecho con una guitarra que en sus manos se transforma en una orquesta ¡Ole tú!

 Luis Soler Guevara
Málaga, 26 de febrero de 2014.

sábado, 1 de marzo de 2014

Gracias, Paco



Sería las ocho cuarenta y cinco de la mañana. Escuchaba la cadena Ser mientras conducía, cuando Pepa Bueno pronuncia esa frase frecuentemente utilizada en los medios radiofónicos y televisivos: “noticia de última hora”. Esta dichosa frase no suele augurar nada bueno, pienso. Y de pronto el mazazo: “…a muerto Paco de Lucía…”


Mi mente es incapaz de asimilar la información, parece una broma, pero claro, con la muerte no se bromea. Me sube un nudo a la garganta y mis ojos se arrasan. De nuevo me digo, no puede ser, no nos ha podido dejar de esa manera tan inopinada.


Palais des Beaux-Arts de Bruselas, donde Paco cosechó tantos éxitos.
Inmediatamente rememoro cuando escuché por primera vez, a finales de 1973, la rumba  “Entre dos aguas”. Fue en los almacenes Félix Sáenz de Málaga; sí, los que menciona la letra de los cantes del Piyayo de Tomás de Perrate. Cuando en 1977, en el teatro Beursschouwburg de Bruselas, le veo por primera vez en concierto y percibo que los sonidos que emanaban de su guitarra eran distintos a los que había escuchado hasta entonces; quedo prendido en las redes de su música mágica. Recuerdo como a la vez que su repertorio se va enriqueciendo con nuevas composiciones, las ya conocidas “Entre dos aguas”, “Fuente y caudal”, “Almoraima”, la rondeña “Cueva del Gato”, etc., nada tienen que ver con las grabaciones originales, se supera en cada una de las actuaciones que presencio.


Ya sería en el emblemático Palais des Beaux-Arts de Bruselas donde a medida que pasaban los años y Paco ganaba en predicamento, era más difícil obtener una entrada, había que estar muy atento para reservar con tiempo. Sus recitales, ya fuera formando dúo con su hermano Ramón de Algeciras, formando trío con su sobrino José Mª Bandera y Juan Manuel Cañizares o con Jonh McLauglin y Al Di Meola; ya fuera con el famoso sexteto formado por Ramón de Algeciras, Pepe de Lucía (Duquende o Rafael de Utrera), Jorge Pardo, Carles Benavent, Rubem Dantas y Manuel Soler o Joaquín Grilo; ya fuera más recientemente con Niño Josele, La Tana y Montse Cortés, eran éxitos rotundos. Públicos de las más diversas nacionalidades y procedencias, se desplazaban de las vecinas Francia, Holanda o Alemania.


Estoy seguro de no equivocarme al afirmar que no me perdí ninguno de sus conciertos desde el ya mencionado 1977 hasta 2006. No he contado el número de veces, pero fueron muchas. Al término de cada actuación siempre comentábamos lo mismo: “una vez más nos ha sorprendido”. Creíamos imposible que superara su actuación anterior y siempre nos desmentía. Sus trémolos, la velocidad de sus punteos, sus armonías, su compás milimétrico, sus melodías, su técnica y su virtuosismo no eran de este mundo.


Pero no era sólo eso, Paco me traía aires de mi querida Andalucía que tanto añoraba, esa inmensa flamencura que estaba presente hasta cuando se sumergía en el jazz, unos toques que parecía que Camarón estaba presente y sobre todo los oles, a penas musitados, que arrancaba de lo más intimo de mi ser.


Tres días han transcurrido desde tu fallecimiento, Paco, y los oles que de mi salían jubilosamente, hoy me salen en forma de llanto íntimo y contenido.

Gracias Paco.

Antonio Burgos García
Málaga, 1 de marzo de 2014

viernes, 28 de febrero de 2014

Yo también he llorado a Paco de Lucía



Hola Pedro:

Te duele la muerte de Paco, ¿verdad? Y hasta alguna lágrima se te ha escapado me dices. Me preguntas si ello es normal. ¿Qué si es normal? Querido Pedro, todas las muertes duelen. Todas las muertes se sienten. Morirse es un hecho único e irrepetible que le sucede a cada ser humano. Por tanto, ante semejante acontecer el género humano muestra su total desconocimiento del “día después”. De este hecho no hay estadísticas ni experiencias acumuladas. Nadie lo contó tras irse.

Aunque dé la impresión de que pocas veces la vida de los demás nos preocupe, sin embargo, ello no es así. Sobre todo, cuando tenemos ciertos vínculos y afectos a alguien al que le tenemos gran consideración pese a que no le rocemos. Esa percepción que tenemos se despierta en nosotros sin darnos cuenta. Ello es causa de que nuestro yo se siente apoderado de una gran tristeza y melancolía. Es imposible llorar si no se siente dolor, rabia, si no se está triste o alegre.

La música quizás también en otras artes expresa y especialmente en el flamenco, a veces, lo inconmensurable de ese misterio conocido como el duende. Éste, en tanto que cualidad perceptible, sólo se da a través de una que llamamos cierta irracionalidad, que tiene su justificación en nuestros sentimientos. Ello quizás lo sea así porque tal manifestación se encuentre más cerca del romanticismo, de lo sublime y de la belleza del discurso en su aspecto más literario, que de la realidad del hecho en sí mismo, y de cuya valoración más brillante está en el condicionante anímico del instante en que éste se vive y percibe.

Es una perogrullada decir que la muerte de Paco no es una muerte más, es la de Paco. En un Paco de Lucía con todo su peso en la historia de la música y del flamenco en particular. ¿Quién puede acceder al interior de ese bagaje? Únicamente él podía acceder. Ello es un tesoro cuyo valor se nos escapa de la mente. Pese a lo mucho dejado, sabemos solamente algo de su contribución. Muy poco, apenas nada añadiríamos. No obstante ese legado es inmenso.

Por todo ese caudal también lloramos. Debemos de tener presente que sentimos dolor porque la muerte no nos lo ha secuestrado por un tiempo finito al más grande guitarrista del mundo, sino para siempre, para la eternidad. Para la eternidad también nos queda la obra del algecireño.

Yo también he llorado Pedro. Además es bueno llorar, a Paco y a muchos Paco cuyos ejemplos de vida se encuentran arraigados en nuestros corazones. Ésa no es una lágrima más provocada por el dolor de la amarga verdad de su muerte, sino consecuencia de ese traicionero golpe desde el contraste que sentimos en un gesto de admiración y cariño hacia el genio. Hoy si tuviéramos que explicar en un diccionario el significado de genio, bastaría con sólo pronunciar o escribir el nombre de Paco de Lucía.

¿Cuántas lágrimas se han ido con Paco? Imposible saberlo. Nosotros no lloramos sólo por él. Evidentemente se llora por la persona querida, y Paco es querido en todas las franjas y territorios del mundo. Lloré por él y por todo lo que él representa para el arte flamenco, por lo que él significa para algo tan extraordinario e impresionantemente rico como es esta música, de la que además de servirse, nos ha servido y nos sirve con su espléndida obra para alimentar nuestros días, minutos y segundos.

Todos hemos llorado alguna vez de rabia por las muchas veces que el flamenco ha sido maltratado y vilipendiado por la incomprensión, el cinismo y la hipocresía social, pero en esta ocasión lo hemos hecho por un hombre que toda su vida se la ha pasado acariciando las seis cuerdas de su guitarra.

Él, más que ningún otro, entró no sólo poniendo paz, sino también música en todas las instituciones del mundo y en el corazón de aquellos que ni tan siquiera entendían determinados encuentros con otras músicas. De ahí que, en  cientos de escenarios muy diversos hoy sus públicos también lo estén llorando.

Por todo eso, Pedro, tú lloras. Por todo eso yo lloro.
Luis Soler Guevara
Málaga, 28 de febrero de 2014

miércoles, 26 de febrero de 2014

Diálogos desde la música clásica con Paco de Lucía

Publicado en la revista Candil número 96, noviembre de 1994. Autor: Luis Soler Guevara.


Cuando Haendel escribió su magnífico Te Deum con motivo de la firma del tratado de Utrecht —aquél que todavía permite la anexión como colonia británica de un trozo de tierra andaluza—, jamás podía el músico alemán imaginarse que muy cerca de ese marco geográfico iba a nacer doscientos treinta y cuatro años después, un gran músico bajo-andaluz, al que los tiempos conocerían como Paco de Lucía.
Si Paco de Lucía hubiera nacido en las calles de Eisenach, Viena, Bonn o Salzburgo, posiblemente el mundo hubiera alumbrado otro Bach, otro Haydn, otro Beethoven u otro Mozart; pero nuestro arte flamenco, también hubiera perdido la mente más preclara de la música flamenco-andaluza.
Nunca podremos contrastar si Paco tiene la intuición de Schubert, ni tampoco, si su oído reúne la agudeza de la precisión absoluta —de existir lo absoluto—, que al parecer tuvo Mozart. Ello se aparta de nuestro conocimiento. Serán los historiadores de la música quienes con facultad y sensibilidad lo puedan sancionar algún día.
Sí, Beethoven fue el más grande de los músicos, Bach la música misma, ¿y Paco, un superdotado de la guitarra flamenca, nada más? No, sin duda fue la síntesis, la máxima expresión de la música culta de los pueblos del sur. Si el primero representó la majestad y el segundo la pureza, Paco revolucionó la pureza de la música flamenca sin perder un ápice de su majestad y grandeza.
Entrando en el fondo de la cuestión, ¿es homologable artística y socialmente un guitarrista flamenco, un cantaor o una bailaora flamenca, con la llamada música clásica? ¿Quién o quiénes deciden que ello sea así? ¿La cultura de unos notables que se reúnen en el paraninfo de no sabemos qué real academia? ¿Quiénes son los notables? ¿Quiénes deciden su notabilidad? ¿Qué saben estos de siguiriyas, y de ducas amargas? ¿En qué universidad graduaron sus estudios de Ética de las Artes y del Conocimiento? Son estas demasiadas preguntas, y demasiada también es, la hipocresía de muchos notables que valoran la música desde una perspectiva clasista.
Pero lo que sí podemos responder es que Paco reúne las tres grandes virtudes del inmenso músico que lleva dentro un conocimiento exhaustivo del instrumento, un impresionante dominio de la técnica y una docta cualidad interpretativa.
Pese a las libres interpretaciones que de estas opiniones puedan ofrecerse, convengamos en que Paco, aun no siendo un clásico como Haendel, tampoco es un romántico como Beethoven. Pese a ello se siente más cercano de éstos que de las composiciones de las nuevas tendencias de Edgar Varese. Amarrando la frase en clave flamenca, afirmaré que Paco se encuentra más en el horizonte que une a Montoya con Manolo de Huelva —aceptando cierta deriva hacia Diego del Gastor—, pasando por Sabicas, Borrull, Ricardo y Esteban de Sanlúcar.
El gran músico ruso Mussorgski, al igual que Diego del Gastor sostenía que la música era un medio para conversar con los hombres, no un fin, y su arte, añado, producto de una imperecedera emoción, casi salvaje. En Paco esos destellos quedan estructurados y resueltos técnicamente en la más firme concepción de la música popular.
Paco inspira motivaciones anímicas fecundas en los clásicos y las tiñe de aires románticos, pero no las distorsiona. De ahí su celo por la tradición y también su negación al anquilosamiento. Parece ser que la cumbre del clasicismo se encuentra en Haydn y Mozart. Sin duda el romanticismo en Beethoven y Schubert, ¿y en Bach? Bach que era barroco fue un genio de excepción poseedor de una honradez artística impresionante. Su Clavicordio bien temperado, una monumental y gigantesca obra de cuarenta y ocho preludios... Tiempo habrá de justipreciar la monumental obra de Paco de Lucía: todo un genio de excepción.
Bach con veinte años, ya era violinista de la Capilla del Príncipe, Paco con veinte años interpretaba a Bach. Bach significa en alemán ‘arroyo’. Paco, a sus veinte años, ya era un río de música, y su caudal vitalista había puesto en riego todos los campos del mundo de la guitarra flamenca. La obra de Bach fue inconmensurable. También lo es el talento musical del algecireño. Su obra no tiene parangón histórico.
Paco de Lucía sale del pueblo y su alimento cotidiano está impregnado de música popular. A diferencias con los genios de la comúnmente entendida música clásica, ni recibe apoyos de la aristocracia, ni de la burguesía. Es más, algunos disgustos cobró por mantenerse firme como las Torres de Hércules.
Sólo seis cuerdas presas y encadenadas a unas manos dotadas de una especial sensibilidad han sido suficientes para conformar ese milagro. Seis cuerdas a las que todavía un silencio medroso quiere restar importancia y protagonismo. Seis cuerdas que ponen en evidencia a aquellos que, ciegos, ni quieren ni dejan ver, y a los que los anacronismos de los tiempos les hacen precisamente regidores de la cultura de los pueblos.
Paco de Lucía tiene cerca su cincuenta aniversario, nuestra música flamenca muchos más. Los hombres que amamos el flamenco, la música, las artes, aplaudiríamos gozosos el gran homenaje que Paco y este mundo de nuestro arte merecen. Un homenaje universal en el que se sumen los más prestigiosos hombres y mujeres de todas las artes del mundo, un gran encuentro de culturas en el que cita se dé el abrazo fraternal de la cultura de los pueblos del mundo. Ello no sólo es conveniente para el mundo del flamenco y de la cultura andaluza y española, sino también es un acto obligado de justicia.
La fortuna y los tiempos evitarán que surja un nuevo Mendelsson descubridor de la obra del Bach flamenco, entre otras razones porque el algecireño forma parte de la gloria universal de las artes, de la cultura y de la civilización.